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Muchas veces un amigo, un terapeuta,
un médico o un psicólogo
nos recomienda colorear mandalas para superar ciertos problemas
de ansiedad, estrés o depresión o, simplemente, para
mejorar nuestra capacidad de concentración. El problema
es que no suelen decirnos cómo hay que colorearlos ni nos
explican la mejor manera de sacar provecho de esa experiencia.
Aquí voy a dar unos cuantos consejos, basados sobre todo
en la experiencia personal, para poder hacer un seguimiento de
nuestra propia evolución.
1. Elección
del mandala
Seamos
un poco viscerales. Conviene escoger el mandala que realmente nos
apetezca colorear en cada momento. Da igual si ya lo hemos coloreado
en el pasado, o incluso si llevamos varios días
seguidos coloreando el mismo mandala. Si realmente nos apetece
hacer ese mandala y no otro por algo será. Seguramente nos
daremos cuenta de que, en estados de ánimo similares, tendemos
a escoger mandalas parecidos y a colorearlos de una manera parecida.
2. El lugar y el momento
adecuados
Conviene
escoger un sitio tranquilo, donde no vayamos a ser molestados,
y también escoger un momento del día en el que sepamos
que podremos finalizar nuestra tarea sin interrupciones. Si bien
no es obligatorio acabar el mandala de una sentada, sí que
es recomendable hacerlo así. También conviene que
escojamos un lugar donde nos sintamos cómodos y estemos
a gusto. Podemos poner música pero no es recomendable tener
la televisión o la radio encendidas. No es lo mismo escoger
una música que esté en consonancia con nuestro estado
de ánimo que tener que absorber lo que se emita en la tele
o en la radio.
3. Llevar un registro
También es conveniente tener un cuaderno o una carpeta
en el que llevemos un registro de los mandalas. Podemos, por ejemplo,
numerar los mandalas por detrás y luego, en ese cuaderno
anotar el número, la fecha en que lo hemos coloreado, y
las cosas que hemos pensado y sentido antes, durante y después
de acabarlo. También podemos dejar un espacio en blanco
para hacer anotaciones posteriores.
4. Elección de técnica
Yo
recomendaría, al menos para empezar, que se utilizaran
técnicas con las que uno estuviera familiarizado y se sintiera
cómodo. Siempre tendremos tiempo de incorporar nuevas técnicas
y de experimentar. Otra vez, lo mejor es hacer lo que nos pida
el cuerpo.
5. Elección
de los colores
Alguna
gente se plantea de antemano qué colores quiere
utilizar. Sin embargo, yo recomiendo dejarse llevar en cada momento
y escoger los colores uno a uno. Planificar los colores a lo mejor
resulta en un mandala más armonioso a nivel visual, pero
ese no es el objetivo del mandala. El objetivo es expresar lo que
llevamos dentro y, de la misma manera que al hablar de un tema
podemos sentirnos arrastrados hacia otro tema, el hecho de usar
un color puede hacer que sintamos la necesidad de usar otro. Decidir
los colores de antemano resta espontaneidad y expresividad al mandala.
No pasa nada si siempre escogemos los mismos colores, seguro que
con el tiempo iremos evolucionando y sentiremos la necesidad de
incluir otros colores en nuestro trabajo. De todas maneras, si
estamos coloreando mandalas para Feng Shui, sí que vamos
a tener que decidir los colores de antemano para ajustarnos a los
elementos que queramos representar. En ese caso el objetivo es
totalmente diferente al que tenemos cuando coloreamos mandalas
como forma de terapia personal.
6. Simbología
de colores y formas
Se ha dicho mucho en cuanto a la simbología de los colores
y hay mucha información en la red. Lo único que yo
quiero añadir, porque me parece muy importante, es que seguramente
lo mejor que podemos hacer es olvidarnos de ella, al menos de entrada.
Lo que quiero decir es que, además de la simbología
y el significado que tienen los colores en sí mismos, cada
uno de nosotros le damos un significado a cada color, y cada color
provoca en nosotros sensaciones y emociones diferentes. A la hora
de usar el color como terapia, ese significado personal es seguramente
el que más peso tiene.
En cuanto a la simbología de las formas, algo que tendría
más peso si en lugar de colorear construyéramos nuestros
mandalas, pasa lo mismo. Lo importante es poner los elementos que
nosotros queramos poner, sin tener en cuenta lo que se supone que
significa cada uno.
7. Intentar acabar lo que
se empieza
A
veces podemos sentirnos incómodos al colorear un mandala.
Es recomendable intentar acabar lo que se empieza, pero solo nosotros
podemos evaluar hasta qué punto nos sentimos incómodos
con lo que estamos haciendo. Evidentemente, si colorear un mandala
determinado nos produce mucho estrés, lo mejor será parar
y escoger otro, o parar y dejarlo para otro día. Si bien
es posible seguir con el mandala en otro momento, yo recomendaría
guardarlo inacabado durante un tiempo y, solo después, decidir
si merece la pena seguir, o empezar de nuevo con el diseño
totalmente en blanco.
8. No estamos haciendo
una obra de arte, estamos sacando lo que llevamos dentro
Tengamos esto siempre
presente. Algunas veces tenderemos a no usar determinadas combinaciones
de colores, o a no mezclar técnicas,
o a hacer o dejar de hacer cosas por cuestiones artísticas.
No estamos creando una obra de arte, lo que queremos es expresarnos,
así que todo vale. Podemos mezclar técnicas, podemos
usar collage en un trozo de mandala y acuarelas en el siguiente.
Podemos mezclar colores que supuestamente no combinan bien. Nosotros
decidimos.
9. Dejar reposar lo que
se termina
Antes
he dicho que puede ser útil volver sobre lo que ya
se ha hecho, observar el mandala terminado y anotar más
cosas, pero no hay que abusar. Tenemos que aprender también
a pasar página y volver sobre las cosas solo cuando sea
necesario.
10. Aceptar los resultados
A nivel
estético unos mandalas podrán gustarnos
menos y otros más que otros, pero todos valen, todos forman
parte de nosotros y son la representación de un momento
concreto en nuestra evolución personal.
11. Ser uno mismo
Este consejo
es el que resume todos los anteriores y es el más importante.
Lo primordial es hacer lo que uno quiera hacer, como y cuando
se quiera hacer, sin tener en cuenta ni hacer caso de las influencias
externas. Al colorear un mandala estamos trabajando por y para
nosotros mismos. No tenemos la obligación de explicar
lo que hacemos ni de compartir nuestro trabajo con nadie. Podemos
enseñar en mandala si nos apetece, pero no estamos obligados
a explicar por qué hemos escogido un diseño y unos
colores determinados, ni tampoco estamos obligados a explicar
lo que sentíamos durante todo el proceso.
Francesca
Verd - mayo 2008.
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